Blog de e-park

Las nuevas tecnologías intentan acabar con la reventa de entradas

Internet y la tecnología están cambiando la vida en todas sus facetas. Día tras día aparecen avances que modifican los usos y costumbre sociales, la forma de trabajar o de divertirnos. Uno de los máximos exponentes de estos cambios es la musica, principalmente la forma de escuchar las grabaciones, pero también en los conciertos en directo. La compra de entradas es un terreno abonado para especuladores, y también ahí las nuevas tecnologías se intentan utilizar para acabar con prácticas abusivas como la reventa.

Venta y reventa pelean en la red

Si has intentado comprar alguna entrada para un gran concierto de un grupo conocido, sabrás que no suele ser cosa fácil. En menos de lo que canta un gallo, nunca mejor dicho, el aforo está completo.

Otras veces los servidores se saturan por el exceso de demanda y la web se cae. Cuando vuelves a intentarlo ya no quedan entradas a la venta, ni en los puntos más lejanos al escenario. La experiencia es justo la contraria de la que debería ser. Comprar por Internet tendría que aportar comodidad, permitir la elección tranquila del asiento o el lugar que se paga, sin prisas y sin problemas de saturación en la línea.

Antiguamente había que soportar largas colas ante una taquilla, a veces durante muchas horas o días, para conseguir una entrada. Se supone que con Internet el proceso debe ser más cómodo. Pero ¿hay tanta demanda de los aficionados al grupo de turno?

Parece que en muchos casos no, más bien se debe a la compra masiva a cargo de grupos dedicados a la reventa. Si antes estas entradas se ofrecían en la misma localidad, ahora ya no. Los revendedores no necesitan estar ni siquiera en el mismo continente.

Compra desde cualquier lugar

Compran los billetes desde cualquier lugar y los venden a cualquier lugar a través de Internet. En muy pocos segundos, pueden hacerse con grandes lotes de tiques de un concierto en Valencia y de otro en Toronto.

Uno de los principales retos para los vendedores oficiales de entradas en línea es, precisamente, evitar que todo el aforo de un concierto multitudinario se despache en unos pocos minutos.

El último escándalo conocido está muy reciente: el concierto de U2 en Madrid, programado para el 21 de septiembre de 2018. Se pusieron a la venta 16 000 entradas y se agotaron en solo un minuto.

Puede parecer normal, habida cuenta del nombre del grupo, pero no lo es tanto si al cierre de la taquilla virtual aparecen ofertas de entradas a 200 y 500 euros y, en algunos casos, con un precio superior a los 2000 euros.

Investigación policial

Este hecho, comprobable en varios portales de compraventa de entradas, ha llevado incluso a que el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte haya pedido a la policía que investigue otro concierto del mismo grupo celebrado el pasado 26 de enero. En aquella ocasión, la taquilla cerró a los diez minutos.

En este contexto, las miradas apuntan hacia los vendedores oficiales y sus métodos de control. El problema es grave porque las posibilidades tecnológicas van más rápido que las medidas contra la reventa. Uno de los desafíos más serios lo plantean los robots programados para comprar engañando a las plataformas de venta.

¿Soluciones? Ya se han puesto en marcha algunas medidas, pero no siempre son suficientes porque los revendedores también saben manejar a su antojo la tecnologia.

Medidas contra la reventa

Para evitar la compra abusiva, el portal Ticketmaster ha utilizado, por ejemplo, las entradas nominales. Con este modelo, durante el proceso de adquisición, el comprador debe identificar a la persona que va a acudir al concierto.

Otro recurso es el denominado Invitation Presale, mediante el que se solicita al comprador que se registre. Después, el sistema utiliza un algoritmo para localizar al aficionado y le envía un código de preventa.

Ticketmaster tiene otros proyectos en marcha para controlar mejor la venta de entradas. Uno es el sistema Presence, que servirá para verificar la presencia del asistente registrado, que deberá enviar una transmisión de audio desde su teléfono móvil. El sistema se está probando, pero no parece muy cómodo.

Otro mecanismo de control que ya se utiliza en Estados Unidos y el Reino Unido es el Paperless, mucho más sencillo que el anterior. El asistente solo tiene que utilizar una tarjeta de crédito como entrada.

Las fórmulas contra la reventa no acaban ahí. Una opción muy utilizada es la del simple registro en el canal oficial de venta de entradas. Millones de personas ya lo utilizan para asistir a conciertos. Solo hay que introducir los datos del correo electrónico, teléfono móvil y nombre. Con el registro te permiten acceder a las entradas que necesites y a los precios marcados por los artistas.

Para personalizar más el proceso se ha utilizado el sistema Verified Fan, mediante el cual se ralentiza la venta y se intenta dar una atención más personal al comprador. Así, se crea una base de datos y se puede comprobar que detrás de la compra hay un verdadero seguidor del artista y no un revendedor.

Este sistema se ha puesto en marcha en conciertos de la cantante norteamericana Taylor Swift y ha supuesto la venta un millón de entradas en cuatro días, en lugar de los treinta minutos escasos que se tardan en una venta sin control.

Internet y el streaming han cambiado la industria

Las nuevas tecnologías no solo están revolucionando la manera en la que accedes a los conciertos, también han cambiado la industria de la música desde sus cimientos. El papel de las discográficas o de las radios, las formas de promoción y los soportes físicos como el vinilo o el CD, todo ha saltado por los aires con la irrupción del streaming.

Atrás han quedado aquellos tiempos en los que un grupo sacaba un disco y te ibas corriendo a la tienda correspondiente a ver si ya había llegado. Hoy basta con mirar en el móvil si lo tienen en Spotify o en Apple Music. Y claro, lo tienen.

Estas tiendas digitales por suscripción están sustituyendo a las físicas en todo el mundo. Hoy, tener un disco, físicamente, es cada vez más un capricho reservado a los más sibaritas. El común de los mortales ya no necesita tocarlos, lo que necesita es una buena y barata conexión a Internet en cualquier lugar.

Para los artistas también hay un cambio sustancial en su relación con las discográficas. Por ejemplo, para los grupos que empiezan ya no es imprescindible encontrar un sello que apueste por ellos. Las redes sociales, y muy especialmente YouTube, son buenas plataformas de lanzamiento.

Las discográficas siguen siendo claves para los grandes nombres, sobre todo en el terreno de la promoción, pero ya no influyen como antes, cuando las listas de ventas eran una referencia obligada del mercado.

Las discográficas han aceptado que su negocio ya está en el streaming y en los contenidos (audio y vídeo) bajo demanda. En España el crecimiento de este mercado ha sido espectacular y ya supone el 70 % de los ingresos de los sellos discográficos. Las ventas en formato físico se han desplomado.

De la misma manera, las emisoras de radio han perdido su protagonismo. Hoy las audiencias están dispersas y atienden más a las recomendaciones de sus contactos en Twitter, Facebook o Instagram que a lo que diga el locutor de la radiofórmula de turno.

Otro cambio de costumbres radical se está produciendo en el consumo de contenido musical pirata. La facilidad de encontrar cualquier canción en las plataformas de streaming (especialmente en la modalidad gratuita de Spotify) hace que sea más caro perder el tiempo buscando el material pirateado que escucharlo en la red.

Incluso en la modalidad de pago sale más rentable para los grandes consumidores de música, ya que pueden escucharla con la mejor calidad, sin publicidad y con muchas prestaciones adicionales. Por ejemplo, puedes tener toda tu música en tu cuenta o tus playlists preparadas para escucharlas en el móvil, en tu tableta, en el portátil, en el ordenador de sobremesa y hasta en tu televisor.

Y si quieres más, puedes conectar cualquier dispositivo móvil a un equipo de música y escucharlo en toda la casa. Esto es así porque los nuevos equipos ya están preparados para ese uso en streaming, otra prueba más de que esta revolución tecnológica está cambiando la forma de oír y de vivir la música.

No es de extrañar que sea así, porque en toda la historia de la humanidad nunca se ha tenido tanto acceso a tantos autores y composiciones musicales como ahora. Y tampoco es un hecho aislado, ya que esto mismo podríamos extenderlo al cine o a la literatura, pero eso es otra historia que va más allá de las pretensiones de este artículo.

En resumen, internet y las nuevas tecnologías han cambiado la industria de la musica y los hábitos de consumo. Como en todo, encontrarás sus pros y sus contras. Lo importante es que te ofrece la posibilidad de disfrutar de la música que más te gusta a la hora que quieras y en el lugar que prefieras, a solas o en compañía. Y si lo que te gusta son los conciertos, quizá en poco tiempo, gracias a la tecnologia, ya no exista el problema de la reventa tal y como hoy lo conocemos. No es poca cosa, pensaría Johann Sebastian Bach.

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