Blog de e-park

¿Qué ha provocado el fracaso del código QR en España? Claves tras su poco uso

Debido al poco uso que se hace del código QR, a nadie se le escapa que se trata de una tecnología abocada al fracaso. Las razones de esto son diversas, requieren un análisis extenso y no solo se deben al sistema en sí, sino también a los hábitos de los usuarios.

Y es que lograr que las personas establezcan nuevas rutinas, incluso si se trata de tecnología móvil, no resulta tarea fácil. Aunque herramientas como el correo electrónico o el uso de aplicaciones de mensajería se hayan instaurado en la sociedad, la realidad es que la mayoría termina quedándose por el camino.

El código qr: un poco de historia sobre su uso y motivos del fracaso

El código QR, o código de respuesta rápida, nace en 1994 como una evolución natural del código de barras. Su funcionamiento se basa en almacenar información concreta en una matriz de puntos que, posteriormente, un lector específico interpreta para llevarnos a una dirección en la red.

Aunque en un primer momento su uso se limitó a la industria del automóvil, la realidad es que con el paso del tiempo ha ido extendiéndose hasta llegar a todo tipo de comercios, para luego utilizarse también en contextos tan diversos como la publicidad o las tarjetas de visita. El mero hecho de incluir un código QR se hizo tan común, que resultaba extraño no encontrar esta tecnología en todas partes.

Resulta fundamental incidir en ese hecho, que no es baladí: se extendió el propio código QR, pero no su uso. Se convirtió en un gigante con pies de barro que todo el mundo conocía, pero al que pocas personas sacaban partido en realidad. Un problema que se achacó en un primer momento a que se trataba de una propuesta en desarrollo y con escasa difusión, pero que tenía el potencial de cambiarlo todo.

La gran revolución que trajo el código QR radicaba en que el lector del mismo podría ser el propio teléfono inteligente del usuario. Así, en teoría, bastaría con el sencillo gesto de apuntar con la cámara del dispositivo al código para ofrecer muchísima más información de la apreciable a simple vista. Sin embargo, con el paso de los años dicha revolución no acabó de producirse, y su uso cayó cada vez más. El fracaso fue notorio, pues la gente no parecía interesada en el uso de esta tecnología. Y ahí comenzaron los problemas.

EL USO DEL CÓDIGO QR GUSTABA A TODOS EN LA TEORÍA, PERO A NADIE EN LA PRÁCTICA

Entre las muchas ventajas que el usuario puede encontrar en esta tecnología, hay algunas que destacan. Y es que un simple código de barras parecía no ser competencia para el código QR. Algunas de ellas son:

  • Personalizable: resulta difícil encontrar una tecnología que, en tan poco espacio, pueda ofrecer tantos datos específicos como lo hace un código QR. Su uso permite ofrecer al usuario información concreta, útil y adaptada.
  • Facilidad de uso: tan sencillo como apuntar con cualquier teléfono móvil o lector de códigos. Un gesto que apenas supone esfuerzo para la persona interesada en saber más sobre algo que se le presenta junto al código.
  • Ventajas para la empresa: organizar inventarios, ordenar información o hacerla más accesible que nunca. Todo esto y mucho más es posible gracias al código QR que, en el ámbito empresarial, todavía goza de buena salud.
  • Precio: diseñar un código es extraordinariamente barato, hasta el punto de que hoy día puede hacerse de forma libre desde cualquier navegador o aplicación móvil. Este aspecto resulta fundamental para lograr una mayor difusión e implantación de la tecnología.

Considerando esto, parece claro que el código QR contaba con todo a su favor para lograr un buen nivel de uso en el día a día de una sociedad cada vez más implicada con las nuevas tecnologías. Sin embargo, el fracaso fue estrepitoso y, con los años, no ha hecho sino aumentar. Los códigos han pasado a un plano muy reducido y específico, lo que lleva a preguntarse qué factores pudieron influir en su fracaso.

El código qr se promocionó poco y mal

Si se le pregunta a cualquier ciudadano medio, la realidad es que la inmensa mayoría sabe lo que es un código QR o, al menos, lo reconoce. Lo más frecuente es que la gente entienda que aporta más información y, de hecho, seguramente se sabe cómo conseguir que funcione. Pero este logro ha llegado tarde.

En un primer momento el código QR se planteó como una enorme revolución, lo que creó una brecha insalvable para una parte de los usuarios. Por un lado, estaban aquellos que se sentían poco interesados en las nuevas tecnologías que, directamente, jamás utilizarían un lector de códigos QR. Por otro, las personas que consideraban el código QR como algo tan avanzado que tendrían problemas para usarlo en el día a día. Un lastre difícil de superar.

Posteriormente, y ante la aparente falta de interés de la sociedad, se apostó por asociarla todavía más con el futuro. Así que saltó a la palestra publicidad muy diversa, llena de códigos QR que mostraban sobre todo que la compañía estaba a a última. Esto no solo agravó la brecha anteriormente mencionada, sino que, además, provocó cierto hartazgo en la gente, saturada de ver el código por todas partes.

Además de esto, se ofrecieron pocos incentivos por utilizar el código QR, de manera que hacer uso de él apenas marcaba la diferencia. La gente seguía manteniendo sus hábitos de siempre, considerando más sencillo preguntar o buscar la información por la red que sacar su móvil para leer el código. Y si bien muchas campañas estaban interesadas en mostrar el potencial del uso del código QR, eran pocas las que promovían el hecho de utilizarlo. Es decir: mucha teoría, pero poca práctica. Se formaba así la tormenta perfecta para el fracaso.

Fracaso del código qr. Una mirada al presente

Tras hacerse patente el hecho de que la gente no estaba por la labor de utilizar el código QR, se produjo cierto desgaste en su imagen pública. El hartazgo anteriormente mencionado, sumado a la escasa utilidad que el usuario percibía en el uso de esta tecnología, condujo a que la propia imagen del código fuese la de algo accesorio.

Este hecho motivó que los colectivos que utilizaban el código QR por pura tendencia, simplemente, dejasen de hacerlo. De este modo, se produjo un importante descenso en su uso, que relegó a un ostracismo mayor a una tecnología con enorme potencial, pero quizá maltratada e incomprendida por muchos. Ver un código QR pasó de ser algo cotidiano a infrecuente para, finalmente, decrecer hasta sus niveles de uso real.

Hoy por hoy el uso del código QR se limita a aquellos contextos en los que realmente tiene una utilidad comprobada. En plena era de la tecnología donde abundan todo tipo de aplicaciones, programas y redes sociales llenas de información, el código QR sigue buscando su lugar, pues resulta difícil competir y hacerse un hueco.

Con todo, la utilidad de esta tecnología está más que contrastada, aunque se ha visto relegada a contextos muy concretos. Así, es habitual ver su uso en el mundo empresarial, especialmente en aquellas instancias donde resulta fundamental el orden de un volumen importante de información. Su uso también sigue muy extendido en las campañas de difusión, turismo y marketing, además de ser considerado un sistema seguro y eficaz.

El futuro del código qr dependerá de convencer al usuario

Quizá la principal razón detrás de su fracaso fue la falta de interés por parte del usuario medio. Por este motivo, parece evidente que renovar los esfuerzos de difusión y llegada al mercado potencial no funcionarán. Y es que, en muchas ocasiones, tecnologías con enorme potencial han caído en el olvido por el hecho de que a los usuarios no les interesaban.

En ese sentido, todo parece indicar que el código QR sobrevivirá con una mala salud de hierro: no morirá, pero tampoco logrará ganar un espacio en la rutina de la gente. Lograr emular las conquistas de una aplicación de mensajería o de las redes sociales requiere un enorme esfuerzo, pero también aprovechar la oportunidad. Y, quizás, en la actualidad esa oportunidad ya no existe.

Así las cosas, los expertos coinciden en que el código QR debería apostar por el mercado empresarial, donde goza de una magnífica reputación y sigue ganando protagonismo. La facilidad de su uso, su carácter accesible y su escaso coste de implementación suponen tres características prometedoras. Por este motivo, impulsar su difusión y utilidad entre las pequeñas y medianas empresas resulta fundamental. Además de esto, abandonar la insistencia con el usuario medio es otra consideración clave, que ayudará a reducir en lo posible esa sensación de hartazgo que, por fortuna, el tiempo también contribuye a dejar atrás.

En definitiva, está claro que el código QR no goza de un uso muy extendido, pero, sin duda, que tampoco merece el fracaso que ha obtenido como tecnología. Probablemente, con el desarrollo de nuevas fórmulas de codificación y aplicaciones, terminará por alcanzar una posición más privilegiada.

Esta página web utiliza cookies para mejorar los servicios ofrecidos. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso e instalación. Para más información haga click aquí.