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Los coches autónomos a debate. ¿Un nuevo examen de conducir?

Como bien sabes, cada vez suenan con más fuerza las voces que anuncian la próxima llegada de los coches autónomos a nuestras carreteras. De hecho, los principales fabricantes de coches y otras empresas embarcadas en este prometedor proyecto, como Google, nos dan una fecha exacta y cercana: 2020.

Las bondades prometidas por la llegada de estos vehículos capaces de conducirse por sí solos son amplias y muy esperadas. Entre dichas bondades podemos enumerar la disminución del tráfico y los atascos, así como la menor emisión de gases de efecto invernadero gracias a que en su mayor parte serán vehículos ecológicos por ser vehículos eléctricos e híbridos, además de porque su autonomía e inteligencia se traducirá en un menor tiempo circulando. No obstante, has de tener en cuenta que, aunque tu coche podrá encontrar por sí solo aparcamiento mientras tú ya estés fuera de él, siempre será buena idea hacer uso del servicio ORA a través de la app de E-park. De este modo, seguro que ahorrarás dinero en combustible.

A las ventajas anteriores tenemos que añadir que, al ser automática la conducción, comunicándose tu vehículo con la infraestructura para respetar los límites de velocidad y demás señales de tráfico, te podrás ahorrar esa multa insidiosa que llega cuando menos la esperas.

El último de los aspectos a destacar sería el pretendido aumento drástico de la seguridad. ¿De la seguridad? Bueno, para ser más exactos, un aumento de la seguridad vial con la consiguiente reducción de la siniestralidad en carretera. No obstante, hay muchos críticos que nos avisan de la peligrosidad de determinados aspectos de los vehículos autónomos, como es la seguridad de los mismos.

Seguridad, la clave del éxito o del fracaso de los coches autónomos

Efectivamente, desde el mismo momento en el que aceptamos que para el funcionamiento de estos vehículos autónomos es imprescindible la conexión a internet y a los satélites, estamos aceptando igualmente el riesgo de que nuestro coche pueda ser objeto de ataques maliciosos de virus, “hackeado” e incluso “trackeado”.

Los riesgos del hackeo

Buen ejemplo de esta deficiencia en la seguridad es el dispositivo creado por dos ingenieros españoles que, ya en el año 2014, era capaz de hackear los sistemas informáticos de los coches. Como puedes imaginar, el riesgo de que un intruso sea capaz de manejar estos sistemas desde el exterior es obvio, ¡más todavía si el vehículo es autónomo! Entre otras cosas, un coche autónomo hackeado podría ser conducido allá donde el hacker quiera llevarte, por no hablar del ataque a los sistemas de frenado, entre otros peligros similares.

Es cierto que esos son ejemplos poniéndonos en lo peor, aunque son una posibilidad más que factible, como pudimos comprobar en 2015, cuando los ingenieros Charlie Miller y Chris Valasek hackearon a placer un Jeep Cherokee de última generación. En la demostración dejaron bien claro que incluso hoy día, elementos tan vitales como el motor, la dirección y los frenos son accesibles y manipulables por los hackers, además de otros elementos secundarios como el aire acondicionado, los limpiaparabrisas, el volumen del audio y, en definitiva, todo lo controlado electrónicamente.

Lo más preocupante es que ni siquiera estamos hablando de coches autónomos como los que se esperan para 2020, los cuales enviarán señales de comunicación miles de veces por hora a otros coches y a la infraestructura instalada en carretera para hacer posible esta conducción autónoma. Esta intercomunicación dará todavía más facilidades a los hackers para asaltar aquellos coches que deseen… para lo que deseen.

Tal y como te comentábamos al principio, interceptando esa intercomunicación a través de programas llamados sniffers, un hacker podría fácilmente trackear el coche que quisiera. Quizás te estarás preguntado qué es eso de trackear un coche… pues bien, esto es ni más ni menos que poder realizar un seguimiento de los movimientos del vehículo, al igual que hacen las cookies que se instalan en nuestro PC o smartphone para detectar si ya hemos estado en una web y en función de ello mostrarnos determinado contenido, por poner solo un ejemplo.

Afortunadamente, existe la encriptación

La buena noticia es que la información que se intercambian los vehículos autónomos está encriptada, por lo que no es posible identificar a un vehículo con una determinada información, a no ser que el ataque se dirija específicamente a él. Por otro lado, existe una posible solución para este problema de seguridad en concreto, la cual consiste en cambiar la identificación electrónica, o apodo, de cada vehículo de forma automática cada pocos minutos para que el rastreo del mismo sea algo más difícil, aunque nunca será imposible.

¿Mayor comodidad a costa de tu seguridad e intimidad personal?

A tenor de todo lo anterior, ¿estarías dispuesto a arriesgar tu propia seguridad e intimidad personal por ganar en comodidad? No te precipites en la respuesta, y piensa en tu smartphone y en el uso que haces de internet. Si te replanteas la cuestión, probablemente cambies de respuesta.

Eso mismo deben pensar los propios diseñadores e inversores que están poniendo toda la carne en el asador para desarrollar e implantar a gran escala estos vehículos autónomos. Y es que, tal y como afirma Stefan Savage, un profesor de informática de la Universidad de California, tales empresas están más centradas en otros aspectos del proyecto que en la propia seguridad del mismo, lo cual es un error de base si tenemos en cuenta que es la seguridad que prometen su principal atractivo.

Un tema espinoso: el código fuente

La explicación a esta dejadez en lo que toca a la seguridad de los sistemas autónomos podríamos encontrarla en la propia confección de los programas destinados a tal efecto. Por ejemplo, ¿sabías que el código fuente de los distintos programas de los componentes electrónicos de un vehículo es creado por terceras empresas? Es decir, las empresas no disponen de todo el código fuente de sus coches autónomos porque estos programas ni siquiera son desarrollados por las mismas.

Así pues, el dilema está servido ante cuestiones tan espinosas como… ¿quién asumirá el coste de las actualizaciones de los distintos programas informáticos? No olvides que un coche autónomo podría tener una vida física de unos veinte años, mientras que el software ha de ser constantemente actualizado, lo cual supone un coste añadido, bien para las tecnológicas, bien para los usuarios.

Nuevas realidades, nuevas leyes

A la vista de todas las incógnitas planteadas por la aparición de los vehículos autónomos, así como de los numerosos cambios en los usos y costumbres de la población, tendremos que hacer frente a nuevos retos, como por ejemplo la convivencia entre los nuevos coches y los antiguos y la adaptación de las leyes.

La normativa europea deberá se actualizada

Parece evidente que la normativa de los países de la Unión Europea tendrá que ser modificada para garantizar un marco legal en el que ambas formas de conducir, la manual y la autónoma, puedan coexistir.

Entre otros aspectos, es vital que se fijen unas leyes que marquen unos estándares legales para cumplir con determinados elementos de seguridad en los coches autónomos, como por ejemplo, que los sistemas de detección de obstáculos y los de frenado automático sean infalibles.

También será fundamental que los vehículos incluyan sistemas de registro de sus acciones como sucede en el caso de las cajas negras de los aviones para poder investigar la responsabilidad de los accidentes que ocurran y así determinar quién es el culpable. Y es que, si en la actualidad los fallos mecánicos son responsables de una mínima parte de los accidentes, en el futuro podrían llegar a ser los principales culpables. Del estudio de tales fallos podría depender la seguridad de todos los pasajeros de estos vehículos y, por supuesto, la delimitación de responsabilidades.

¿Examen de conducir al conductor… o al vehículo?

Teniendo en cuenta el punto anterior, es normal que te preguntes quién ha de examinarse en un futuro para conducir un vehículo, ¿el conductor o el propio coche? En principio, la respuesta no está nada clara, pues si bien los vehículos han de pasar por exhaustivos controles de calidad, ello no quiere decir que cada unidad sea capaz de aprobar un examen de conducción.

Por otro lado, no es lo mismo conducir un vehículo autónomo que uno manual. Así que puedes ir preparándote, porque otra de las opciones planteadas es realizar un examen de conducir “conduciendo” un vehículo autónomo si quieres adquirir uno. Lo cual no es nada descabellado si piensas, por ejemplo, en el caso de los diferentes permisos para conducir motos.

Cabe recordar que empresas como Google proyectaron al comenzar sus proyectos de vehículos autónomos sin volantes, con lo cual más que autónomos habrían sido totalmente independientes. Sin embargo, al final han optado por incluir volantes para dar la opción de conducir con un sistema mixto que aúne la opción autónoma y la manual.

Tal y como has podido ver a lo largo de estas líneas, el futuro del automovilismo nos depara un apasionante panorama lleno de posibilidades, donde la seguridad es a la vez el principal atractivo y el gran reto a conseguir. Así pues, ahora que ya sabes todos los pormenores de los coches autónomos que empezaremos a conducir a partir de 2020, ¿harías tu examen de conducir para tener tu propio vehículo autónomo?

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