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Francia hará pasar a la historia la gasolina y el diesel en 2040

La emisión de CO2 a la atmósfera supone uno de los principales problemas para el mantenimiento del medio ambiente en todo el mundo. La gasolina y otros combustibles derivados del petróleo resultan una de las causas primordiales que muchos países quieren erradicar para fomentar una disminución de la contaminación.

La contaminación del diésel y la gasolina

Existen opiniones diversas sobre si contamina más un vehículo que utiliza carburante diésel o uno que funciona con gasolina. Según un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), un motor que funciona con diésel emite cuatro veces más sustancias nocivas para la capa de ozono que uno que lo hace con gasolina. La polución del diésel además resulta más pesada y desciende antes al suelo.

Sin embargo, está claro que ambos carburantes no son nada limpios para el entorno. No son los únicos agentes de un automóvil que contaminan. En concreto, entre un 15 y un 25 % de las partículas en suspensión relacionadas con el tráfico provienen del uso de frenos, embragues y neumáticos.

Por si esto fuese poco, en los últimos meses han llegado al mercado nuevos motores de gasolina de baja cilindrada llamados ‘downsizing’ que funcionan por inyección directa. Estos pueden llegar a ser hasta 1.000 veces más contaminantes que un motor de gasolina convencional y emiten diez veces más partículas nocivas que un motor diésel de inyección directa tradicional.

No solo se emite dióxido de carbono

Un coche, al realizar la combustión en un motor de gasolina o diesel, no solo emite al aire el tan temido dióxido de carbono. Estos propulsores desprenden también partículas como monóxido de carbono, óxido de nitrógeno e hidrocarbonos no quemados. Los dos últimos se mezclan en la atmósfera y rebotan por los rayos ultravioleta que produce la luz solar.

Todas estas partículas suponen un problema muy serio para la capa de ozono, cada vez más deteriorada. El principal escudo para repeler la entrada masiva de radiación ultravioleta está sufriendo daños irreparables que de no ser frenados podrían tener un desenlace fatídico para el planeta.

Francia lidera el cambio

El gobierno francés ya se ha puesto manos a la obra para intentar poner fin a estos problemas medio ambientales. Para ello, se pretende acabar con la contaminación producida por los agentes implicados en el tráfico.

El objetivo propulsado por el ministro de la Transición Energética, Nicolás Hulot, es que en 2040 ya no circulen por las calles de Francia coches con motores de gasolina o diésel. Para ello, se va a proceder a crear una ‘prima de transición’ que ayudará a muchos conductores sin recursos económicos suficientes a poder abordar este cambio de vehículos tan necesario para la atmósfera terrestre.

Objetivo: Con esta ambiciosa medida, en el país galo se pasa de buscar reducir en una cuarta parte las emisiones de sustancias nocivas a dejar a cero el contador de contaminación por parte de motores de gasolina y diesel.

Una transición más satisfactoria para todos

La ‘prima de transición’ que Francia busca instaurar para este cambio ya fue aprobada de forma similar por el gobierno alemán allá por mayo de 2016. El coste de esta prima estuvo estimado por aquel entonces en unos 1.000 millones de euros y estarán financiados a partes iguales entre dinero público y los fabricantes de automóviles.

Con esta medida, el gobierno alemán busca conseguir que en una década ya circulen un millón de vehículos eléctricos por las carreteras germanas. Cifras muy similares a las que pretende conseguir el gobierno francés con su nueva medida aprobada.

Para promover más si cabe esta transición, los vehículos eléctricos no tendrán que pagar impuesto de circulación durante diez años. Por otro lado, los conductores de este tipo de vehículos beneficiosos para el medio ambiente tendrán una reducción del 25 % en sus impuestos y un incentivo de 4.000 euros por unidad adquirida. La subvención para la compra de coches híbridos enchufables será de 3.000 euros.

El diésel será el primero en desaparecer

Ante esta pretensión de erradicación de los motores de gasolina y diesel, son muchos los expertos en la materia que apuestan a que será el diésel el que desaparezca en primer lugar. Concretamente, el 53 % de los directivos del sector del automóvil afirmaron que el diesel tiene todas las papeletas para caer eliminado del mercado según un informe de la KPMG.

Según estos directivos, el futuro del automóvil pasa en primer lugar por los coches eléctricos en primer lugar y por la conducción autónoma en segunda posición. Los vehículos compartidos son la tercera opción de futuro para estos 1.000 altos cargos encuestados de 42 nacionalidades diferentes.

Ventajas de los coches eléctricos

Y ahora que Francia prohibirá los coches diésel y gasolina para 2040, ¿Cuáles son las principales ventajas de expandir y promover el uso de vehículos eléctricos?

Además de la ya mencionada anteriormente disminución de las emisiones de sustancias malignas para la atmósfera, es también durante el proceso de fabricación cuando se ahorran numerosas cantidades de sustancias contaminantes. El proceso de fabricación de un coche eléctrico es mucho más limpio que el de uno tradicional cuyo motor funciona con combustibles derivados del petróleo.

El coste de utilización por kilómetro resulta abismalmente bajo en comparación con un vehículo tradicional. Según pruebas de Nissan, el precio no llega a un euro cuando se realizan 100 km de distancia mientras que el coste medio de un diésel se elevaría a los 7.37 euros por la misma distancia recorrida de kilómetros.

Las revisiones de aceite, líquidos y filtros se verán reducidas en gran medida. El conductor del vehículo eléctrico también se ahorrará pasar la prueba de gasas en la ITV y con ello el coste que todas estas pruebas generan para su bolsillo a lo largo del año.

En muchas ciudades, llevar un coche eléctrico supone no tener que abonar ningún tipo de importe económico para estacionar en zona azul. Con esto se ahorra dinero y tiempo.

En ciudades como Madrid, el ayuntamiento prohíbe la circulación de ciertos vehículos durante algunos periodos de tiempo para reducir los niveles de contaminación en determinadas zonas o vías, con mucha afluencia de medios de transporte en horas puntas. Esto no ocurre con vehículos eléctricos, ya que estos pueden circular por cualquier carretera a cualquier hora sin restricciones derivadas de problemas medioambientales.

Los seguros también suelen tener un importe más reducido que los coches de gasolina o diésel aunque esta ventaja sí que depende más del modelo en cuestión del que dispone el conductor.

Los coches eléctricos favorecen preservar la acústica de las ciudades. No solo se reduce la contaminación de gases, sino que también destaca la ausencia de ruidos o vibraciones que produciría un vehículo convencional. Los motores eléctricos son prácticamente inapreciables para el oído humano y únicamente el rozamiento de los neumáticos en el pavimento es el sonido que se desprende de estos coches.

Precisamente son los neumáticos los que también se desgastan menos en un coche eléctrico. Por ello, el conductor no solo ahorrará en gomas nuevas, sino que potenciará que la fabricación de estas sea más controlada y esto reduzca las emisiones contaminantes derivadas de estas fábricas. Los sistemas de frenado se ven favorecidos por la conducción y la optimización que los fabricantes aportan en sus fases de desarrollo a los motores eléctricos.

En términos de eficiencia energética, un motor eléctrico rinde al 90 %. Comparación abismal si se observa que un diesel únicamente tiene una eficiencia del 38 %. Aprovechar la energía es clave en estos tiempos y por ello los motores convencionales de diesel y gasolina no son los más indicados para ello.

Por lo general, los coches eléctricos resultan mucho más sencillos a la hora de manejar que un vehículo convencional. El sistema de cambio de marcha se vuelve mucho más simple y con ello se favorece que la conducción sea más eficiente y menos tediosa para distancias largas.

El cambio de mentalidad está cada vez más cerca

Con la medida adoptada por Francia para favorecer la conservación del entorno, se da un importante paso adelante para ayudar al planeta. El ser humano, desde la revolución industrial, ha mostrado una despreocupación que ha desencadenado en serios problemas para el planeta.

La capa de ozono cada vez estás más dañada y las radiaciones solares inciden con mucha potencia sobre la superficie terrestre. Las enfermedades derivadas de este proceso siguen en aumento y la piel de muchos habitantes del planeta se resiente ante estos rayos que antes quedaban debilitados en la atmósfera.

La temperatura del planeta también se eleva a causa de los gases contaminantes. Recientemente se ha observado cómo inmensos bloques de la Antártida se han desprendido de su zona habitual con el peligro que esto acarrea para el incremento del nivel del mar en diversas zonas geográficas. Los animales que habitan en estas zonas polares también sufren esta disminución de las zonas gélidas y algunas especies incluso podrían extinguirse en cuestión de años.

En las manos de los gobiernos y habitantes del planeta está la solución. De momento, Francia da un paso al frente.

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