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Los mejores tunings de coche

Por definición, el tuning hace alusión a la modificación del aspecto y las características de un automóvil con el motivo de hacerlo más exclusivo y personal. Y así fue como llegó a España a finales de los 90, llevando a una explosión en los siguientes años. No obstante, no debemos olvidar que esta moda nació bastante antes, concretamente hace casi 70 años, en Estados Unidos, bajo el nombre de fenómeno ‘custom’.

Del custom al tuning

Por entonces, algunas estrellas del mundo de la canción como Elvis Presley o Frank Sinatra estaban vinculadas a este mundillo con la personalización de sus coches. Pero no fue hasta los citados últimos años del siglo y del milenio cuando el fenómeno llegó a España con procedencia de Alemania. Y fue entonces cuando el sector vio una oportunidad de mercado clara. De hecho, se trataba de un público totalmente nuevo, jóvenes de entre 19 y 25 años que querían una exclusividad total en sus coches, personalizando con carrocería especial y equipos de música no precisamente baratos.

Y fue así como poco se produjo un ‘boom’ que se atribuyó a muchos factores como el buen momento económico por el que atravesaba España, con el sector de la construcción en pleno auge y con muchos de estos trabajadores con pasión por los coches y por la personalización de los mismos. Igualmente, a esto se le sumó la explosión de Internet y de los videojuegos, saliendo al mercado algunos conocidos como la saga Need For Speed, lo que popularizó más este fenómeno. Además, la saga de cine A todo Gas también contribuyó a esta moda, así como las fotos de los propietarios de grandes coches en Internet.

Por tanto, todo ello produjo en España el nacimiento de una nueva pasión, algo que algunos portales de Internet bautizaron como tuning barroco. Y es que más que potenciar la potencia de los coches, como se hacía en Estados Unidos, lo que se pretendía era dar una sensación de espectacularidad en los mismos, modificando su aspecto con masilla por todos los lados de la carrocería, alerones desproporcionados y capós deslumbrantes, llantas enormes y pesadas que en algunos casos también necesitaban de una suspensión especial para no rozar con la carrocería del vehículo.

Y otra tendencia fue la de pintar el coche con los colores realmente llamativos, música a todo trapo y una potencia descomunal de motor, al menor de ruido, por lo que los sistemas de escape también eran bastante demandados. Es decir, el objetivo real de esta práctica era llamar la atención.

Y esto también derivó en el sector de la comunicación, que necesitó de una formación exprés para aconsejar a los adeptos a este fenómeno. Por ejemplo, conocida es la revista Maxi Tuning, que hablaba de las últimas tendencias y también buscaba los mejores coches del país para exponerlos en sus páginas. Igualmente, también proliferaron las ferias de esta moda, como por ejemplo el Madrid Tuning Show and Festival, que atraía a casi 100 000 visitantes, así como las concentraciones semanales también atraían a los más curiosos del lugar.

Del mismo modo, una gran cantidad de talleres se pasaron a la chapa y pintura y se especializaron en las modificaciones estéticas concretas de estos coches, adaptándose a un nuevo mercado que podía llegar hasta los 60 000 euros por la modificación y preparación de un vehículo. En definitiva, hablamos de un modo de vida que era valerse de un vehículo para hacerlo tuyo, llevarlo a las concentraciones e intercambiar opiniones sobre el tema, así como conocer personas con tu misma afición. De hecho, se estima que en España se llegaron a invertir hasta 450 millones de euros al año en la época dorada del tuning.

La crisis, el principio del fin

Pero todo iba tan bien que nadie quería bajarse de la burbuja, pero como sucedió con la inmobiliaria, esta del tuning también se pinchó. Y a finales de la primera década del siglo la crisis nacional e internacional ya era un hecho, siendo España uno de los países que más la notó y la sufrió. Los niveles de desempleo alcanzaron máximos históricos, los adeptos ya no podían comprar tantas piezas y las tiendas interesadas comenzaron a cerrar o a mirar hacia otro sector. Por tanto, el tuning pasó de ser una afición a buen precio a un lujo del que muchos tuvieron que desprenderse.

Y todo ello fue arrastrando a todas las personas vinculadas con este sector, como la mencionada revista Maxi Tuning, que también acabó desapareciendo. El tuning perdía adeptos a una velocidad endiablada, siendo cada vez menos popular. Los coches comenzaron a venderse en las páginas de segunda mano, pero por necesidad del vendedor (obtener dinero) y del comprador (necesitar un coche para trabajar o estudiar, pero no un objeto de exhibición). Igualmente, los talleres también tuvieron que adaptarse y volver al modelo tradicional de reparaciones de coches ‘normales’.

Además, en enero de 2011 entró en vigor el Real Decreto 866/2010, donde se regulaba la tramitación de reformas de coches después de su matriculación definitiva en España, matando las siluetas de grandes dimensiones. El objetivo era hacer que los coches fueran más seguros, aunque los mismos podían ser modificados siempre y cuando fueran antes de la matriculación, lo que llevó a una restricción notable que terminó por matar al fenómeno, pues a ello había que sumarle una homologación de las piezas. Es decir, algo muy diferente al tuning llamativo.

Estética y rendimiento

Es cierto que aquella etapa de lucimiento de los vehículos terminó, pero se dio paso a un nuevo fenómeno conocido como la preparación para las carreras, aunque esto no calza con las modificaciones de los fabricantes y algunos talleres para la mejora de las prestaciones de los coches. Estamos hablando de un tuning mucho más disimulado, con alternativas en el sistema de escape y los componentes del motor, pegatinas en lugar de modificaciones estéticas, cambios menos llamativos en el interior y un coche más pensado para la velocidad que para la exposición.

En nuestros días, esta personalización continúa, siendo también mucho más económica que en la etapa anterior, lo que también han agradecido los adeptos de entonces y los salidos hace poco. Se trata de algunos cambios sencillos como unas llantas nuevas, una suspensión más baja de lo normal, parachoques deportivos y pegatinas como los recuerdos de una época en la que tener un coche tuneado era sinónimo de una personalidad diferente y que dominó las carreteras españolas durante mucho tiempo.

El tuning del presente

Como te hemos dicho, los videojuegos fueron una parte importante del tuning, siendo Japón uno de los principales artífices de este movimiento. Y si a esto le sumamos que la tercera película de la saga Fast and Furious fue rodada y ambientada en el país nipón, le da un sentimiento más de pertenencia. Y es que este país también ha resultado innovador en este sentido, demostrando que todavía quedan muchos rescoldos del tuning de hace algunos años, pero con un sentido propio y actual.

De este modo, Japón quiere seguir siendo la bandera de este fenómeno que, pese a estar más controlado, piensa seguir dando guerra. Así, el color continúa siendo uno de los mayores exponentes de los coches nipones, donde también importa el tamaño de los alerones traseros o los parachoques delanteros, buscando también una protección total en el coche.

Igualmente, las gomas han vuelto a coger fuerza para continuar llamando la atención. No obstante, el sentido de las mismas no camina ahora por los derroteros del tamaño como antes, sino más por la ubicación de las mismas, quedando ligeramente descolocadas del eje sin que ello impida poder circular con estos coches, pero sí es cierto que en muchas ocasiones no pueden alcanzar grandes velocidades.

Otra tendencia es la de colocar pegatinas llamativas en los vehículos, pues a falta de poder hacer resaltos o modificaciones en la carrocería de los mismos, se buscan pegatinas que se adapten perfectamente a la chapa de estos coches, como si fuera un tatuaje en el cuerpo humano. De este modo, verás con frecuencia fotografías en dichos coches, lo que es también una personalización bastante notable de lo que era antes el coche.

Y, por supuesto, aumentar la potencia del coche es también otro de los incentivos de este nuevo tuning, donde si te limitan desde fuera, logras al menos que la parte interior sea diferente. De este modo, se pretende que los coches actuales tengan una aceleración realmente singular y potente, buscando hacer el mayor ruido posible con la misma.

Y a esto le acompaña un sistema de embrague que permite que los coches escupan fuego por los escapes, además de llevar a un petardeo notable. Es decir, se ha pasado de un fenómeno eminentemente visual a otro más auditivo, pero sin perder el componente de espectacularidad, si bien ahora la percepción es bastante diferente.

En definitiva, estarás con nosotros en afirmar que el tuning de ahora no es como el de antes, pero no ha impedido que los adeptos que sigan con este fenómeno se pasen alguna que otra tarde disfrutando de lo que más les gusta: su coche.

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