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Miedo a conducir

Muchas más personas de las que crees sufren un trastorno de ansiedad que les produce miedo a conducir. No se trata, simplemente, de una situación de estrés al volante, sino de una sensación verdaderamente paralizante. Un bloqueo personal que les impide conducir porque tienen miedo a sufrir un ataque de pánico al hacerlo.

En realidad, se trataría de algo tan inquietante como tener miedo al propio miedo mientras se conduce. Este tipo de fobia se llama amaxofobia y, para ser realmente diagnosticada como tal, implica dejar de conducir durante un tiempo más o menos prolongado.

Frecuentemente, este estado psicológico y mental negativo se ve acompañado de factores físicos como descontrol del ritmo cardíaco, sudoración, alteración de la respiración, temblores, visión borrosa, cefaleas y mareos. Cuando todos o algunos de estos síntomas se dan, la experiencia se convierte en un círculo vicioso. Si intentas controlarlos, y te esfuerzas en ello, más descontrol y malestar se produce.

Algunos afectados buscan ayuda, en primer lugar, a través de un copiloto. A veces se trata de una alternativa que puede venir bien. Pero solo cuando se trata de un recurso puntual o esporádico.

Porque cada vez que tú o yo conducimos acompañados por alguien para evitar estos síntomas desagradables, nuestra mente recibe un doble mensaje. En primer lugar, que esa persona nos ayuda porque quiere lo mejor para nosotros. Sería, en sí, un mensaje positivo y motivador. Pero nuestra psique también recibe esta información adicional: “voy contigo porque solo eres incapaz de hacerlo”. Y, claro, en breve plazo esa idea se apodera de nosotros y alimenta la propia incapacidad que estamos combatiendo. En tal caso, lo que al principio ha sido una solución se convierte en parte del problema.

Algunos datos de interés sobre la amaxofobia

Un estudio realizado entre los años 2005 y 2012 por la Fundación CEA, estableció que casi un 30 % de los conductores españoles sufren miedo a conducir.

No todos ellos han sufrido un accidente de tráfico o un acontecimiento traumático al volante, en realidad son cada vez más las personas a las que les sobreviene de un modo injustificado.

A nivel de género, no existen diferencias significativas, aunque la población femenina es un poco más propensa a padecerlo. ¿Sabías que un 55 % de las personas que tienen miedo a conducir son mujeres, y el 45 % hombres? Una posible explicación dada por expertos justifica esta realidad a través de dos argumentos:

  • A los hombres les cuesta más reconocer sus problemas de ansiedad, lo que podría ocultar algunos datos de amaxofóbicos no diagnosticados entre la población masculina.
  • Psicológicamente hablando, las mujeres muestran mayor preocupación por conducir correctamente (en términos generales), lo que las lleva a mostrar una mayor tendencia a sentir ansiedad al volante.

Diferencias entre hombres y mujeres

Un estudio de 2005, realizado por el Instituto Mapfre de Seguridad Vial, establece que los hombres tienen más propensión a sufrir miedo al volante cuando toman alcohol y las mujeres cuando se encuentran mal emocional o psíquicamente.

Por lo general, según ese análisis, lo más estresante para ellas es la forma de conducir de los otros, mientras que entre ellos a este aspecto se le añade la merma de capacidad y habilidades físicas generada por la ingesta de alcohol.

Debes saber que también existen diferencias entre las reacciones de unos y otros ante esta situación. Los hombres tienden, como primera opción, a no conducir de noche. Las mujeres, a no conducir.

En el origen del problema, el 40 % de los hombres que padecen amaxofobia sufrieron o presenciaron un accidente. En el caso de las mujeres, solo el 25 %.

Principales causas del miedo a conducir

En verdad, cada caso es distinto. Nos enfrentamos a un auténtico universo sujeto a las influencias y las características de cada paciente.

Ahora bien, existen un conjunto de 7 factores principales que suelen estar más o menos presentes en la mayoría de los orígenes de este problema. Te detallamos cuáles son:

1. Haber sufrido o presenciado un accidente

El impacto que provoca haber padecido un accidente de tráfico, personalmente o en nuestro entorno, produce un hondo choque que, a veces, deriva en un bloqueo. Lo mejor es conducir de nuevo cuanto antes, sin pensar en ello demasiado.

Sin embargo, según cuáles hayan sido las vivencias y las consecuencias del mismo, no siempre resulta tan sencillo.

2. Aprendizaje inadecuado en la autoescuela

La calidad de la enseñanza recibida en la autoescuela, el feeling generado por el instructor y su capacidad para enseñar bien la competencia de la conducción influyen en la autoconfianza y la seguridad del futuro conductor.

Esta preparación inicial constituye los cimientos sobre los que se articula después, a partir de la experiencia, la solvencia real y la confianza propia con la que conducimos. Si la base es mala, los efectos pueden terminar derivando en amaxofobia.

3. Inseguridad o escasa autoestima

Muchas personas se plantean, permanentemente, cuestiones como “qué pensarán de mí” o “qué van a decir de mí”, así como pensamientos negativos del tipo “soy incapaz de hacerlo”, “no valgo para nada” o “siempre me equivoco”.

En algunas ocasiones, estos pensamientos irracionales y negativos se centran, específicamente, en la conducción. Ideas como “no te puedes fiar de los demás conductores”, “mueren muchísimas personas al día en carretera, y yo puedo ser uno de ellos”, “seguro que tengo un accidente” o “no voy a saber reaccionar” son devastadores para quienes se las generan.

Si eres una de estas personas, tú mismo estás dinamitando tus posibilidades. A la menor incidencia negativa, puedes venirte abajo. Cuando se trata de la conducción, esa predisposición negativa personal puede acabar derivando en un rechazo a conducir.

4. Falta de apoyo en el entorno

Si la gente a la que queremos, o la que nos importa, nos ha dado la espalda o ha minusvalorado nuestra capacidad para conducir, eso puede acabar haciendo mella en nosotros.

Esos acompañantes que siempre nos critican son los llamados copilotos tóxicos y, como elemento añadido a este cóctel que te estamos presentando, pueden llegar a hacer bastante daño a un conductor inexperto que está, todavía, en proceso de aprendizaje.

5. Carácter demasiado perfeccionista

Hay personalidades que se obsesionan con hacerlo todo cada vez mejor. Quieren tenerlo todo controlado en todo momento, y no aceptan que todos nos equivocamos. Esta mentalidad puede acabar generando un choque emocional y un bloqueo cuando se enfrentan a un ámbito tan impredecible y exigente como es manejar un coche.

6. Merma en las capacidades psicofísicas

Cumplir años, padecer alguna enfermedad, vivir un suceso traumático no relacionado con la conducción o pasar un momento difícil en la vida pueden producir una reducción de nuestra capacidad física (por ejemplo, pérdida de audición) o una inestabilidad emocional y mental (pérdida de un ser querido) que nos afecten al coger el volante.

7. Tendencia al estrés y la depresión

Las personas que son propensas a ellos, tienen más posibilidades de acabar sufriendo también amaxofobia.

Cómo tratar el miedo a conducir

Si eres una persona con amaxofobia, o conoces a alguien importante en tu vida que la sufre, este contenido es el que más va a interesarte, pues presenta qué soluciones existen y cómo actuar para afrontar, primero, y superar, después, esta afección.

1. Ganar tranquilidad al conducir

El propósito está claro, lo difícil es lograrlo. En este sentido, pueden ayudarte practicar técnicas de relajación y llevar a cabo una respiración controlada justo antes de ponerte al volante.

2. Autoconvencerte

Conducir es un aprendizaje experimental; es decir, como ocurre con la bicicleta, aunque lleves mucho sin hacerlo, no llega a olvidarse. Toda ansiedad es, en realidad, una emoción que trata de protegernos de un potencial peligro. O sea, buscamos estar a salvo. Resulta ilógico, pensándolo bien, caer en la trampa de bloquearnos y poner precisamente en juego lo que tratamos de proteger: nuestra integridad.

Plantéate preguntas concretas sobre cada uno de tus síntomas. Por ejemplo, si te sudan las manos y crees que el volante se te va a acabar resbalando: ¿existe algún artículo en el código de circulación que prohiba conducir a quien le sudan las manos? ¿A que no? De eso se trata.

3. Ponerse al volante

La única manera de superar los miedos es enfrentarlos. Si no puedes conducir… ponte a conducir. Es la única manera de ir comprobando que esos presentimientos que nos paralizan no llegan a cumplirse. Eso sí, hay que hacerlo de manera progresiva y controlada.

4. Tener en mente el objetivo de volver a disfrutar al conducir

Aunque no en todos los casos, a menudo ocurre que el afectado por amaxofobia disfrutaba conduciendo antes de sufrirla. O, por lo menos, disfrutaba de la autonomía, la libertad de movimiento y la satisfacción personal que le producía dominar el vehículo.

Céntrate en estas experiencias y vivencias positivas. Recuérdalas. Tráelas de nuevo a tu presente. Relaciónate con ellas.

5. Acudir a un especialista

No es ningún estigma si tienes que visitar a un profesional para solucionar tu problema. No serás el primero ni el último con miedo a conducir. Lo principal es que consigas vencerlo y ellos, por su formación y su experiencia, pueden ayudarte.

Como has visto, la amaxofobia es más habitual de lo que parece, tiene una causas bastante concretas y puede eliminarse si quieres de verdad hacerlo. No siempre es fácil ni rápido, pero está en tu mano conseguirlo… y los demás queremos ayudarte.

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